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martes, 13 de diciembre de 2011

La partícula de Dios (El Bossón de Higgs)




¿Cómo se puede encontrar lo fundamental en lo infinito; en lo eterno; en lo innumerable...?
¿Cómo descifrar lo incuestionable; lo etéreo; lo misterioso; lo incalculable...?
¿Donde encontrar lo inexpugnable; lo invisible; lo ancestro; lo indescifrable...?
¿Que da forma a la forma?
¿Que es lo esencial; que es lo fundamental; que de lo infinito...?

lunes, 14 de noviembre de 2011

La epifanía adecuada...


Cuando se logra pasar página en ciertas cuestiones a las que hemos dado tal importancia, ya sea por ser muy significativas, muy vergonzosas o de plano muy lastimeras ocurren dos cosas; la primera de ellas, es una especie de medio incertidumbre al suponer que podría volver a pasar, que quizá existe la remota posibilidad que en algún momento del camino la situación vuelva a hacerse presente, y eso; dependiendo de la cuestión que se trate puede ser también igual de preocupante.
Y la segunda; muy en liga con lo primero, es ese incoherente deseo de que suceda de nuevo, o a veces esa fantasía que agrega nuevas situaciones y detalles a la cuestión. Aclaro de nueva cuenta, todo esta en función de que tan bueno, malo o vergonzosa sea...

Les cuento mi historia; quizá muy reiterativa en este lugar, pero al final de cuentas es algo de lo que no puedo escapar.
Para proteger mi dignidad, al tiempo que mi vergüenza es evidente tendré que decir que esta historia esta un poco, solo un poco alejada de la realidad, pero aún así revela en esencia lo que en realidad ocurrió.

Hace algunos años, en aquellos en los que todo parecía marchar de maravilla, y en los que también llegue a suponer que la alineación estelar era la causante de todas las dichas de mi juventud ocurrió un suceso que hasta el día de hoy no he podido quitar de mi mente. Sobra decir, como al principio de este "drama" fue una situación lastimera.
Pues les digo, resulta que "Petronila" (el nombre real de este personaje ha sido cambiado para proteger, como he dicho antes, mi dignidad, realmente no me importa la privacidad de esta persona... es mi imagen la que realmente vale en esta historia) un buen día se decidió que era momento para darle un rotundo giro a toda esta feria que habíamos montado, una de esas en las que los juegos mecánicos funcionaban perfectamente, no había estructuras metálicas despintadas, sarrosas, o torcidas, sino todo lo contrario, era una extraña combinación de la más alta tecnología soportada por los mecanismos más simples, duraderos y eficientes del universo. Esos, que se parecen mucho a los que dan soporte al cosmos.
Entonces; técnicamente, no había ni un engrane fuera de su sitio, ninguna banda, polea, tuerca y contratuerca que por alguna razón no estuviera trabajando a la perfección, es más; todo estaba perfectamente engrasado y se movían como ese suave vaivén del agua en una tranquila noche estrellada. No había errores, ni olía a cambios.
Los puestos de dulces, comida, aguas frescas y de retos estaban llenos, pero aún así había abasto para toda la demanda de ellos.
Era, como diría mi padre; "Una perfección tan absoluta que lejos de inspirar alivio procuraba miedo..."
Y de la nada ese equilibrio sirvió para dos cosas, la primera, para hacerme bajar la guardia y confiar. En, ¿que?
-Quién sabe...
-Aja... claro
-Mmmmm, pues en Petronila... Ya lo dije.

Nos alejamos del tema... decía; en esos instantes en los que el universo, karma, ley 1a de la termodinámica, y la 3a de Newton parecían estar en perfecta armonía, algo insuperablemente devastador arremetió... (continuará)

domingo, 24 de julio de 2011

La princesa de los dulces...


Cuando la mañana comenzó lo único que se alcanzaba a escuchar en las lejanas laderas de las montañas era el trinar de los pajarillos que anunciaban un nuevo día. El sonido se volvía incesante, y en ocasiones hasta molesto, pero la gente de la comarca ya estaba acostumbrada, entonces lo único que les quedaba era levantarse de la cama y empezar el día como de costumbre. Lo mismo del día anterior, y del anterior a ese. Y lo mismo de un día atrás. Todos de vuelta a esa rutina interminable que de una extraña manera los llenaba de gusto y a la que acudían dispuestos, esperando quizá a que algún día cambiara, o a que el día terminara de la misma forma que hacía años.
Y así transcurría la mañana, sin muchos cambios. El lechero hacia su ronda por las accidentadas callezuelas del poblado; el carnicero echaba sal sobre la carne una y otra vez, al tiempo que su esposa espantaba a las moscas. El hijo del vendedor de legumbres enojado levantaba las pesadas lonas de piel de camello para poder exhibir su mercancía mientras su padre terminaba el desayuno. Al cabo en un rato empezaría por fin a llegar la gente a comprar. Y así todos los que hacían las mismas cosas desde hacía años estaban ahí, repitiendo lo que tan afanosamente les ocupaba desde siempre.
Quizá quién tenía la labor más envidiada de todas era el jefe de la aldea, puesto que lo único que hacia era pasearse unos minutos por las calles seguido de su guardia personal compuesta de seis hombres altos y fuertes de aspecto intimidante, sin contar que iban armados hasta los dientes, y con cara de muy, pero muy pocos amigos...
La cuestión era la siguiente; el jefe del pueblo salía a caminar diariamente a eso de medio día, acompañado siempre de su mujer, bastantes años más joven que él. Y también más atractiva. Y esta última siempre utilizaba la guardia principal de su marido para ir al mercado a comprar lo necesario para su hogar, del cuál se ocupaba ella misma. Cosa extraña, porque pudiendo pagar esclavos prefería ser ella quién complaciera a su marido con la comida, el aseo, y muchas cosas más por las cuales podría pagar evitándose el esfuerzo, pero no era así, y eso era muy de admirarse.
Pues así ocurría diariamente en nuestra pequeña aldea, sin muchos cambios y sin inmutaciones por parte de sus habitantes, hasta que un buen día de otoño, cuando las hojas de los árboles dejan escapar su verde fulgor y caen al suelo se veía a la distancia una figura humana. Era pasadas las 6 de la tarde, y la figura se acercaba al pueblo. Hacía mucho que no se recibían visitantes en el pueblo y era demasiado pequeño y cayeron en cuenta de que nadie había salido de el. Entonces supusieron que era algún forastero o un viajero que se había perdido y que iba de camino a quién sabe donde...
A eso de las 6 con quince minutos de la tarde la extraña figura se acerco a la empalizada que rodeaba los límites del pueblo, y solo se quedó ahí parada esperando alguna especie de recibimiento, mientras los guardias de las puertas del pueblo solo la observaban y se acercaron a preguntar cuál era el asunto que la llevaba a ese lugar.
Una profunda extrañeza se apodero de los guardias al darse cuenta de que esa persona era una mujer, pero les extrañaba el echo de viajar sola por esos parajes y sin una guía, pero eso ya no importaba, ya estaba ahí. Cuando preguntaron por su nombre, ella solo dijo hacerse llamar "la princesa de los dulces" al tiempo que los guardias dejaban escapar tremenda carcajada y una sonora burla. Esas risotadas llegaron hasta la casa del jefe del pueblo, quién se había despertado de su siesta vespertina con aquel ruido, así que molesto salió de su casa seguido de su séquito de matones a saber quién osaba a interrumpir su sueño. 
El escenario que se encontró fue un poco salido de algún cuento de cirqueros. Encontró a la guardia del pueblo al rededor de aquella mujer, pero lo del circo lo digo porque el atuendo de la llamada "princesa de los dulces" era un poco estrafalario. Unas botas de cuero negras descombinaban totalmente con su falda verde a cuadros, y una chaqueta roja que acompañaban a un sombrero de paja viejo y roto. Pero lo más impresionante de la escena no era su atuendo, sino la belleza de la viajera, que deslumbraba a todos y desataba un poco la envidia de las mujeres que se habían empezado a acercar al oír el rumor de un visitante. Los esposos de esas mujeres estaban emocionados por ver tal vez por vez primera en sus vidas a una mujer de ese calibre.
En sus manos la mujer llevaba una canasta cubierta por una servilleta, y al ver a la muchedumbre acercarse la colocó en el suelo, y con voz pausada, pero firme explico la razón de su visita a ese lugar.

Hacía dulces, de todos los sabores y todos los colores y formas posibles, con el loco sueño de algún día convertirse en la reina de los caramelos, pero que en su extraño país había sido expulsada por intentar hacer golosinas con ingredientes prohibidos, de esos que provocarían un profundo asco y ¿quién sabe?
quizá hasta le muerte.

Al preguntarle el jefe del pueblo cuáles eran esos ingredientes, y el porque de su visita ella bajo la mirada y tristemente empezó a relatar que en su país hacía muchos años su madrastra había envenenado a su padre y había usurpado el trono, despojándola de su castillo y de su reino, puesto que era la heredera legítima, y termino siendo desterrada.
Y saco un puñado de golosinas y las empezó a repartir entre los mirones y curiosos. 
Un caramelo de amor; una paleta de amistad, un pequeño panecillo de caridad. Esos eran sus ingredientes. Y al probarlos la multitud sus caras cambiaban, se llenaban de jovialidad, la amistad se acrecentaba y antiguas riñas en el instante acabaron, al tiempo que ella repartía sus dulces todas las cosas malas del pueblo iban desapareciendo, creando un vínculo de amistan, amor, empatía y comprensión entre sus habitantes. Mientras cada quién se iba a su casa dispuesto a invitar a cenar a su vecino poco a poco la mujer se fue quedando sola, hasta el punto en que incluso los guardias del muro reían y cantaban juntos como si fuesen amigos de toda la vida, alentándose unos a otros.
Pero cuando se dieron cuenta la extraña mujer ya no estaba entre ellos, y lo último que alcanzaron a ver era una silueta que se alejaba por el mismo camino por el que había llegado. Saltando y corriendo tarareando una canción que ya no se podía escuchar, pero al parecer contenta, pues había llevado un poco de alegría y felicidad a un lugar donde la rutina se había convertido en el día a día, y así devolviendole al pueblo lo que antaño habían perdido.
Y cuando se dieron cuenta que la figura de la "princesa de los dulces" había desaparecido a lo lejos pudieron finalmente saber porque la llamaban de esa forma. 
Pues hacía recobrar mágicamente y de una forma extraña e inusual lo que en el corazón de los hombres desaparecía con el paso de los años, haciendo de ellos al final mejores personas, y haciendo a la vez un mundo mejor...

jueves, 16 de junio de 2011

La ausencia de lo inborrable...



Yo, Moctezuma III, emperador de los aztecas; 
heredero del trono de México-Tenochtitlán; 
de la gran ciudad y sus tesoros, señor del imperio y sus conquistas, 
gobernador de los territorios donde el sol se para, 
señor de la tierra que se cosecha y se tributa para el rey...
donde el águila y la serpiente aún pelean.

Yo Moctezuma III, quién soy respetado por mi pueblo y temido por mis rivales, 
asumo el control  de mi gran nación, de mi indestructible pueblo, 
de mi inquebrantable fuerza y de la descomunal fabrica del progreso y pasión, 
para que con justicia, juicio y poder rija sobre cada cabeza, 
sobre cada corazón y sobre cada conciencia que camina entre mi pueblo.

Yo, Moctezuma III, descendiente de "El grande".
Yo, Moctezuma III, el sabio, al que aman las mujeres y al que admiran los hombres, 
aquel, al que los niños veneran. 

Yo, quién no hablo lisonja ni ociosidad, 
quién tiene como arma la justicia y la prudencia. 

Yo, quién arrebato la verdad, el entendimiento 
y la inteligencia para no dejarlas ir.

Yo, Moctezuma III, quién cuando hablo todos los hombres callan y escuchan, 
como cuando la noche se disipa y el poder 
de la luz se señorea sobre todo...


Yo, Moctezuma.

martes, 19 de abril de 2011

"El ocaso de la cordura..."



Era tan fácil de entender, la cuestión solo se centraba en decidir si era el momento de dar el siguiente paso; o tal vez era tiempo de mirar atrás y convencerse a sí mismo de que una proeza de esa magnitud era imposible, extraordinariamente desastrosa y descomunalmente inverosímil.
Pero, al final de esos últimos segundos en los que la razón intentaba desesperadamente hacer comprender al corazón que eso no podía ser  ocurrió lo inevitable; lo ineludible y lo que marcaría para siempre el destino de todos cuantos iban a ser espectadores de esa hecatombe de proporciones épicas. Tanto así que hasta los más valientes solo se quedaban parados, a la orilla de la razón observando; y asintiendo, pues iban a ser testigos del acto más maravilloso, del más heroico del que fuese capaz un humano. Entonces ocurrió... El destino estaba sellado, y nadie podía detenerlo, es más, nadie estaba seguro de poder siquiera cambiar la situación, o desviarse del plan porque la única directriz de esa decisión era tan extraordinariamente sencilla que rozaba en lo cómico. Era una especie de transición cósmica que tenía el poder de hacer explotar una estrella, a dos, tres, mil, un millón, mil millones de estrellas y hacer colisionar las galaxias, al mismo tiempo que podía guardarse en el bolsillo trasero del pantalón. Era una incoherencia; ¿cómo podía algo hacer temblar al cosmos y a la vez ser tan insignificante como para dárselo a guardar a alguien?
No, era incomprensible, nadie lo podía entender, nadie tenía la explicación, y aunque muchos intentaban darlo a entender, así mismos se revolvían y confundían más a los que prestos los escuchaban con el deseo de saber; pero saber ¿qué?
Nadie lo sabía...
Y allí a lo lejos, en medio de la cegadora luz que era el centro de aquella incógnita, estaba ella. Y de este lado, donde todos se reunieron para ser partícipes de la solución definitiva del misterio del universo estaba él. A punto de dar ese paso, a punto de cruzar la línea de la que jamás podría regresar, a punto de cambiar la historia... a punto de convertirse en lo que siempre soñó. Y todos miraban, solo eso. Nerviosos, pero expectantes, a ver si era capaz y a ver si tenía el valor; ese, que se requiere cuando parece que la única solución es hacerse el héroe de la película, matar a todos los malos y salvar al mundo.

La pregunta a todo esto es: 
"¿Qué esta sucediendo?"
La respuesta:
Fácil.

De pronto, y con un alarido de la multitud, él dio ese paso que lo diferenciaba del resto de los mortales. Y después, dio un segundo paso, y luego un tercero, cuando de pronto todos se dieron cuenta que estaba a un cuarto del camino, y de pronto a la mitad. Entonces todos empezaron a vitorear, todas las voces se escuchaban como una, y lo arengaban a seguir, cuando de pronto, y sin darse cuenta, el peso del mundo se dejaba venir sobre los hombros de aquel muchacho, y cada paso que daba era más pesado, cada aliento parecía desgarrar el alma de la multitud cuando se escuchaba su pesada respiración. Lo único que los demás podían hacer era gritarle, a la distancia que no debía rendirse, y lo único que él podía hacer a estas alturas era seguir. Aunque el alma se le fuera en el intento. 
Un paso, otro más, y cada vez más lento, cada vez más agotador, hasta que ocurrió lo que nadie quería. Él cayo. Y no había forma alguna en la que se pudiera poner de pie. no había fuerza en su ser. Y solo estaba a unos pasos del final. 
-¡Que tragedia!
-¡Estaba tan cerca!
decían algunos, unos más solo veían con tristeza y comenzaban a retirarse. Sabedores de que todo había terminado. Otros, la mayoría, se burlaba, diciendo: -¡Mirad! El tonto creyó que lo lograría, y ahora esta ahí tirado, sin nadie que le de una mano. 
Todos hablaban, todos decían algo, bueno o malo, mientras él seguía tirado ahí. Cuando de pronto se escucha a lo lejos: -¡Vean! se mueve... 
de entre toda la multitud una pequeña se había cuenta que una fuerza más grande que la del universo se estaba gestando, una fuerza solo equiparable a la que hizo levantarse a ese muchacho, y con los ojos en lágrimas intentaba en vano mover las piernas, los pies, y entonces solo pudo hacer lo único que quedaba por hacer;  cuando toda la esperanza se había desvanecido y cuando la muerte lo había abrazado para aspirar el último aliento de su cansado cuerpo abrió la boca y musitó: -No quiero morir, no quiero morir,no quiero morir,no quiero morir,no quiero morir. Y lo repetía, como quién busca lo imposible.
-No quiero morir, no quiero morir, no quiero morir, no quiero morir.
Y dio otro paso, pero era tan poderoso el peso del mundo sobre sus hombros que cayo fulminado. Y la vida se le empezaba a ir. Y entonces todos supieron que había llegado el momento. Que el esfuerzo había sido vano. Y uno a uno, poco a poco empezaron todos a retirarse. Se juntaban según se conocían y se marchaban haciendo bromas, riendo, chismeando, como si no hubiesen sido testigos de nada. Y de nuevo, la pequeña, fue la única que se dio cuenta de que él balbuceaba algo en su agonía. Lo que dijo antes de exhalar su último aliento fue: -Quiero vivir.
Y murió.
Ella, desde el otro lado, solo observaba. era imposible ver su gesto, pues el halo de luz deslumbraba todo, pero se sabía que ella estaba sufriendo.
Fuese lo que haya sido todo eso, fue inútil. No se había cumplido el objetivo, había resultado insuficiente el solo desearlo con todas las fuerzas, había que tener algo más, pero nadie sabía que era aquello.
El universo había vencido otra vez, como siempre...
Pero ¡oh sorpresa! algo estaba sucediendo, ¡algo que nadie había podido predecir, ni imaginar!
De pronto de entre esa multitud que se iba la pequeña empezaba a adentrarse a ese camino de luz, y sin detenerse a pensar en las consecuencias seguía caminando hacía el muchacho, y al tiempo que el poder arrollador del cosmos empezaba a hacerse latente en la pequeña la multitud fue avisada de la situación. Y regresaban.
La niña ya estaba en el suelo. ¿Pero que había originado tan grande sacrificio? Nadie lo sabía, y tan enorme gesto de auxilio hizo merma en los corazones, y uno a uno, poco a poco empezaban todos a acercarse al camino de luz, y mientras más entraban más era el dolor y el cansancio, pero no importaba, ahora sabían lo que tenían que hacer. 
Uno a uno fueron cayendo, víctimas del universo. Y al final solo quedó uno. Quién se acerco a la niña y le dio lo último que le quedaba de sus fuerzas, y la pequeña se pudo levantar y seguir; hasta que llego con el muchacho, que hacía rato estaba ahí muerto. Lo paso, y pudo llegar al final del camino. Llego junto a "ella" la misteriosa mujer que estaba al otro lado. Y en sus manos puso el corazón del muchacho que había tomado cuando paso junto a él. Y solo alcanzó a decir a la mujer: 
-Toma... Él quería que lo tuvieras, porque él estaba...
La niña no alcanzo a completar la frase. Cayó ruidosamente a los pies de la mujer y con una sonrisa se despidió del mundo.
Todos se sacrificaron para que ella solo escuchara unas cuantas palabras, sin embargo, no se había llevado el mensaje completo. 
Pero el objetivo estaba cumplido. Ahora ella lo sabía.
Ella sabía al fin que él la amaba...


sábado, 16 de abril de 2011

Uranio enriquecido...



Una mitad...
Un pedazo que no tiene forma, ni razón de ser.
Un momento que se eclipsa para comprender esa razón; esa mitad...
Y un camino largo de andar, para encontrar ese faltante...

jueves, 6 de enero de 2011

Carta para el fin del invierno...


Fue uno de esos momentos en los que no solo el tiempo se detiene... sino que también parece avanzar a una velocidad nunca antes vista; paradójicamente inexplicable que estos dos puntos se envuelvan en una simetría que ni la física puede explicar. Pareciese una alusión a lo míticamente llamado etéreo; inaudito; increíble; insospechado; incongruente; imposible...inmortal.
Fue uno de esos momentos en los que lo que alrededor nos contempla resultase simple, como cuando contemplas extasiado algo vivaz, algo que pareciese no terminar.

Unos pasos, uno detrás del otro, al compás de esa música que fluía como una onda en el agua que quién sabe hasta donde podría llegar. Así era aquello. Solo era cuestión de saber en que momento caería el siguiente compás, el siguiente arpegio.

Cuando de pronto, esa mirada mía que no se yo donde a veces se mete se fijo tímidamente en esas ideas, en esas pulsaciones que provocaban vaivenes en el aire, mientras mis pasos me llevaban al final del camino. Un camino corto, demasiado corto, tan corto que pareció que hacía detener el tiempo, y a la vez hacerlo transcurrir deprisa, como el viento que sopla en la tempestad; como el recuerdo que se asoma en mi mente cuando evoco esa melodía.

Un golpe, dos y tres. Un ritmo, una idea que se transforma en ruido; un ruido que suena a música. Una música que suena a ti, a mi y a todo. Siempre.
Un golpe, dos y tres. Que hacían acrecentar esa sonrisa, que quién sabe de quién termino siendo; no se si tuya o de la pequeña que miraba junto a ti. ¿Quién lo sabe?
-Yo
-No, yo no... ¿o sí?
-No, no lo creo, es demasiado complejo.
-Complejo solo si no lo logras entender.
-Lo entiendo, pero no lo siento.
-Entonces deja de ser complejo, y se vuelve idóneo...
-¿Idóneo?
-Si...idóneo...
-¿Cómo...?
-No lo se...no lo puedo explicar...pero...
-¿Pero?
-Puedo tocarlo para ti...
-Ahhhh...