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martes, 19 de abril de 2011

"El ocaso de la cordura..."



Era tan fácil de entender, la cuestión solo se centraba en decidir si era el momento de dar el siguiente paso; o tal vez era tiempo de mirar atrás y convencerse a sí mismo de que una proeza de esa magnitud era imposible, extraordinariamente desastrosa y descomunalmente inverosímil.
Pero, al final de esos últimos segundos en los que la razón intentaba desesperadamente hacer comprender al corazón que eso no podía ser  ocurrió lo inevitable; lo ineludible y lo que marcaría para siempre el destino de todos cuantos iban a ser espectadores de esa hecatombe de proporciones épicas. Tanto así que hasta los más valientes solo se quedaban parados, a la orilla de la razón observando; y asintiendo, pues iban a ser testigos del acto más maravilloso, del más heroico del que fuese capaz un humano. Entonces ocurrió... El destino estaba sellado, y nadie podía detenerlo, es más, nadie estaba seguro de poder siquiera cambiar la situación, o desviarse del plan porque la única directriz de esa decisión era tan extraordinariamente sencilla que rozaba en lo cómico. Era una especie de transición cósmica que tenía el poder de hacer explotar una estrella, a dos, tres, mil, un millón, mil millones de estrellas y hacer colisionar las galaxias, al mismo tiempo que podía guardarse en el bolsillo trasero del pantalón. Era una incoherencia; ¿cómo podía algo hacer temblar al cosmos y a la vez ser tan insignificante como para dárselo a guardar a alguien?
No, era incomprensible, nadie lo podía entender, nadie tenía la explicación, y aunque muchos intentaban darlo a entender, así mismos se revolvían y confundían más a los que prestos los escuchaban con el deseo de saber; pero saber ¿qué?
Nadie lo sabía...
Y allí a lo lejos, en medio de la cegadora luz que era el centro de aquella incógnita, estaba ella. Y de este lado, donde todos se reunieron para ser partícipes de la solución definitiva del misterio del universo estaba él. A punto de dar ese paso, a punto de cruzar la línea de la que jamás podría regresar, a punto de cambiar la historia... a punto de convertirse en lo que siempre soñó. Y todos miraban, solo eso. Nerviosos, pero expectantes, a ver si era capaz y a ver si tenía el valor; ese, que se requiere cuando parece que la única solución es hacerse el héroe de la película, matar a todos los malos y salvar al mundo.

La pregunta a todo esto es: 
"¿Qué esta sucediendo?"
La respuesta:
Fácil.

De pronto, y con un alarido de la multitud, él dio ese paso que lo diferenciaba del resto de los mortales. Y después, dio un segundo paso, y luego un tercero, cuando de pronto todos se dieron cuenta que estaba a un cuarto del camino, y de pronto a la mitad. Entonces todos empezaron a vitorear, todas las voces se escuchaban como una, y lo arengaban a seguir, cuando de pronto, y sin darse cuenta, el peso del mundo se dejaba venir sobre los hombros de aquel muchacho, y cada paso que daba era más pesado, cada aliento parecía desgarrar el alma de la multitud cuando se escuchaba su pesada respiración. Lo único que los demás podían hacer era gritarle, a la distancia que no debía rendirse, y lo único que él podía hacer a estas alturas era seguir. Aunque el alma se le fuera en el intento. 
Un paso, otro más, y cada vez más lento, cada vez más agotador, hasta que ocurrió lo que nadie quería. Él cayo. Y no había forma alguna en la que se pudiera poner de pie. no había fuerza en su ser. Y solo estaba a unos pasos del final. 
-¡Que tragedia!
-¡Estaba tan cerca!
decían algunos, unos más solo veían con tristeza y comenzaban a retirarse. Sabedores de que todo había terminado. Otros, la mayoría, se burlaba, diciendo: -¡Mirad! El tonto creyó que lo lograría, y ahora esta ahí tirado, sin nadie que le de una mano. 
Todos hablaban, todos decían algo, bueno o malo, mientras él seguía tirado ahí. Cuando de pronto se escucha a lo lejos: -¡Vean! se mueve... 
de entre toda la multitud una pequeña se había cuenta que una fuerza más grande que la del universo se estaba gestando, una fuerza solo equiparable a la que hizo levantarse a ese muchacho, y con los ojos en lágrimas intentaba en vano mover las piernas, los pies, y entonces solo pudo hacer lo único que quedaba por hacer;  cuando toda la esperanza se había desvanecido y cuando la muerte lo había abrazado para aspirar el último aliento de su cansado cuerpo abrió la boca y musitó: -No quiero morir, no quiero morir,no quiero morir,no quiero morir,no quiero morir. Y lo repetía, como quién busca lo imposible.
-No quiero morir, no quiero morir, no quiero morir, no quiero morir.
Y dio otro paso, pero era tan poderoso el peso del mundo sobre sus hombros que cayo fulminado. Y la vida se le empezaba a ir. Y entonces todos supieron que había llegado el momento. Que el esfuerzo había sido vano. Y uno a uno, poco a poco empezaron todos a retirarse. Se juntaban según se conocían y se marchaban haciendo bromas, riendo, chismeando, como si no hubiesen sido testigos de nada. Y de nuevo, la pequeña, fue la única que se dio cuenta de que él balbuceaba algo en su agonía. Lo que dijo antes de exhalar su último aliento fue: -Quiero vivir.
Y murió.
Ella, desde el otro lado, solo observaba. era imposible ver su gesto, pues el halo de luz deslumbraba todo, pero se sabía que ella estaba sufriendo.
Fuese lo que haya sido todo eso, fue inútil. No se había cumplido el objetivo, había resultado insuficiente el solo desearlo con todas las fuerzas, había que tener algo más, pero nadie sabía que era aquello.
El universo había vencido otra vez, como siempre...
Pero ¡oh sorpresa! algo estaba sucediendo, ¡algo que nadie había podido predecir, ni imaginar!
De pronto de entre esa multitud que se iba la pequeña empezaba a adentrarse a ese camino de luz, y sin detenerse a pensar en las consecuencias seguía caminando hacía el muchacho, y al tiempo que el poder arrollador del cosmos empezaba a hacerse latente en la pequeña la multitud fue avisada de la situación. Y regresaban.
La niña ya estaba en el suelo. ¿Pero que había originado tan grande sacrificio? Nadie lo sabía, y tan enorme gesto de auxilio hizo merma en los corazones, y uno a uno, poco a poco empezaban todos a acercarse al camino de luz, y mientras más entraban más era el dolor y el cansancio, pero no importaba, ahora sabían lo que tenían que hacer. 
Uno a uno fueron cayendo, víctimas del universo. Y al final solo quedó uno. Quién se acerco a la niña y le dio lo último que le quedaba de sus fuerzas, y la pequeña se pudo levantar y seguir; hasta que llego con el muchacho, que hacía rato estaba ahí muerto. Lo paso, y pudo llegar al final del camino. Llego junto a "ella" la misteriosa mujer que estaba al otro lado. Y en sus manos puso el corazón del muchacho que había tomado cuando paso junto a él. Y solo alcanzó a decir a la mujer: 
-Toma... Él quería que lo tuvieras, porque él estaba...
La niña no alcanzo a completar la frase. Cayó ruidosamente a los pies de la mujer y con una sonrisa se despidió del mundo.
Todos se sacrificaron para que ella solo escuchara unas cuantas palabras, sin embargo, no se había llevado el mensaje completo. 
Pero el objetivo estaba cumplido. Ahora ella lo sabía.
Ella sabía al fin que él la amaba...


sábado, 16 de abril de 2011

Uranio enriquecido...



Una mitad...
Un pedazo que no tiene forma, ni razón de ser.
Un momento que se eclipsa para comprender esa razón; esa mitad...
Y un camino largo de andar, para encontrar ese faltante...