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jueves, 16 de junio de 2011

La ausencia de lo inborrable...



Yo, Moctezuma III, emperador de los aztecas; 
heredero del trono de México-Tenochtitlán; 
de la gran ciudad y sus tesoros, señor del imperio y sus conquistas, 
gobernador de los territorios donde el sol se para, 
señor de la tierra que se cosecha y se tributa para el rey...
donde el águila y la serpiente aún pelean.

Yo Moctezuma III, quién soy respetado por mi pueblo y temido por mis rivales, 
asumo el control  de mi gran nación, de mi indestructible pueblo, 
de mi inquebrantable fuerza y de la descomunal fabrica del progreso y pasión, 
para que con justicia, juicio y poder rija sobre cada cabeza, 
sobre cada corazón y sobre cada conciencia que camina entre mi pueblo.

Yo, Moctezuma III, descendiente de "El grande".
Yo, Moctezuma III, el sabio, al que aman las mujeres y al que admiran los hombres, 
aquel, al que los niños veneran. 

Yo, quién no hablo lisonja ni ociosidad, 
quién tiene como arma la justicia y la prudencia. 

Yo, quién arrebato la verdad, el entendimiento 
y la inteligencia para no dejarlas ir.

Yo, Moctezuma III, quién cuando hablo todos los hombres callan y escuchan, 
como cuando la noche se disipa y el poder 
de la luz se señorea sobre todo...


Yo, Moctezuma.