
Un buen día (esos en los que la mañana es tan fresca como la leche para cereal) mi abuelo me hizo una pregunta; simple... pero engañosa.
-"¿Que buscas de la vida, es decir; es lo que quieres que sea?"
Silencio por más de dos minutos, mientras él solo me observaba intentando decifrar lo que yo suponía con respecto a su pregunta. Y de pronto descubrí que no había respuesta... nunca me había cuestionado lo que yo esperaba de mi. Pero en mi mente había un recuerdo apenas perceptible; un recuerdo de hacía muchos años que se intentaba asomar. Y decidí revivirlo.
Tenía quizá 10 años. Y ese día estaba lloviendo, ligeramente, pero lluvía al fin y a cabo.
Era un día normal en la escuela, a principios de agosto. La mañana transcurría de una forma rutinaria, probablemente haciendo algún resumen del libro de texto, o contestando un cuestionario que la maestra había hecho que redactaramos, o talvéz resolviendo problemas de aritmética simples. No lo recuerdo, pero solo sé que estaba escribiendo algo en el cuaderno... Cuando de pronto; unos golpes en la puerta del salón; inmediatamente todos atentos, los golpes se repitieron y la maestra se vió obligada a ponerse los zapatos (se los quitaba cada vez que se sentaba detrás del escritorio) y ordeno abrir la puerta. No podía ver desde mi posición quién era. Doña Nelva (mi maestra) se levantó pesadamente y camino a la puerta para solo decir algo al extraño, que permaneció fuera y que al parecer acompañaba a alguién más...
La puerta se cerró de golpe y Nelva entró con ella.
-"Su nombre es Ana, y es nueva... denle un aplauso" dijo Nelva. Acto seguido todos aplaudimos, sin saber porque debiamos hacerlo, simlpemente siguiendo un lineamiento impuesto en ese momento, aunque nadie se atrevía a cuestionar el porque de aquel acto, quizá por ignorancia o porque era nueva y merecía ser aplaudida... yo nunca recibí un aplauso, y eso que nunca falte a ninguna clase...eso si era meritorio. El caso es que casualmente había un lugar desocupado junto a mi, era de Lalo, pero Lalo no había ido a la escuela ese día, entonces como se supone, ella ocupo por ese día esa banca. Todos la miraban mientras ella caminaba hacía ese lugar, algunos quizá imaginando historias de ella, otras quizá juzgando el porque no llevaba uniforme puesto o porque su mochila era tan extrañamente multicolor. Yo simplemente la veía acercarse y en mi cabeza había un solo pensamiento: -"¡Que bonita es!
El día transcurrió sin otra novedad, salvo la que nos obligo a quedarnos en el salón a la hora del recreo porque la lluvía era ya muy fuerte, entonces ese cuarto se convirtió en una mezcla de olores y sabores que eran degustados por cada quién, los mios eran olores a quesadillas frias. Y no se veían precisamente muy apetitosas, pero acaparó la mirada de quién si las vió deliciosas, irremediablemente gire el rostro y ella las miraba, preguntandose si talvéz yo podría convidarle, y por supuesto que no lo hice, porque era nueva, ni siquiera era mi amiga, mucho menos la conocía, entonces ¿porque debía yo hacer un acto caritativo con un extraño? por lo que me paré de mi lugar y me fuí a platicar con mis amigos...
-"¿Viste ayer los halcones galácticos?"
-"¡Siiii...estuvieron geniales!"
-" bla bla bla bla"
-" bla bla bla bla"
-" bla bla bla bla"
De vez en vez volteaba a mirarla...y ella solo escribía algo en su cuaderno con su pluma en forma de rama de árbol. y me percaté que aún no comía nada. A pesar de ello mi plática sobre las caricaturas continuaba; aunque dentro de mi había "algo" que me inquietaba, y de nuevo tuve que mirarla...esta vez ella me estaba viendo.
Acto seguido, impulsado por un sentimiento apenas descubierto por mi, o por algo más grande (no fué lástima, eso es seguro) tome una de las dos tortas de mi amigo Leo, me levanté; y penosamente me acerque a Ana. Algunos pasos, nervios al máximo. Y ella seguía ahí sentada, mientras observaba como me acercaba, probablemente ella se hubiera burlado de mi chafa intento de acercamiento, pero creo que percibía algo que hasta ese momento incluso yo ignoraba.
-"Ho..hola..."
-"Hola" y sonreía...
-"Te traje algo, esque vi que no trajiste de comer"- musite en voz baja
-"¡ahhh, gracias, pero si traje, es solo que no tengo hambre aún"
Que pena, jajajajaja... debí sentirme la persona más tonta del mundo, como pude imaginar que ella no llevaba nada de comer, pero pues todos los signos señalaban eso, no había forma de que me hubiera equivocado y más aún quedar como un tonto, aunque pensandolo bien... un momento; ¿que es eso?
Y en ese momento ella saco una bolsa traslúcida verde, y dentro se escondía una apetitosa torta de quesillo con chorizo (eso lo supe antes de probarla por las manchas en la servilleta que la envolvía) y solo dijo: -"De todas formas ya iba a comermela, pero te la cambio por tus quesadillas, te parece?-
Silencio...
-"Ahhh, bueno..." conteste después de algunos segundos.
Y ahí estabamos los dos, sentados a la hora del recreo comiendo la comida del otro, y compartiendo la torta de Leo y agua de limón en una botella de Coca-Cola... por momentos no hablabamos, por otros solo reiamos y nos sonrrojabamos al vernos fijamente. Y así pasaron los días, tuve que darle a mi amigo mi colección de estampas de "Los Supercampeones" a cambio de esa torta que tome" prestada" incluso le cedí mi lugar en el equipo de baloncesto a la hora de educación física... en ese momento fueron pérdidas enormes para mi, pero hoy, a la distancia de aquella época resulto una inversión que se remunero en una respuesta que le dí a mi abuelo esa otra mañana...
-"Espero "reciprocidad"
esa fué mi respuesta... una respuesta que es lógica, innata a los humanos, pero sobre todo justa... cada quién la puede interpretar como quiera, al cabo es su obligación... yo simplemente diré que la vida es recíproca, porque a veces pedimos cosas, deseamos otrás más, pero no nos damos cuenta que es la vida la que nos brinda las oportunidades para tenerlas... y eso, al final de cuentas lo que recibimos y debemos esperar de ella...
Han pasado más de diez años desde la última vez que vi a esa niña. Quizá vive aún, espero que así sea. Espero que siga siendo la misma persona dulce y jovial que conocí; pero por sobre todo eso, espero poder un día encontrarla y decirle -"¡Gracias!- no por esa torta compartida, sino por los momentos que le sucedieron a ese lluvioso día, por esos momentos que alguna vez me llevaron a pedirle que fuera mi novia...y por esos otros que me hacen escribir esto. Quizá ella nunca lo sepa, pero desde entonces la amé, como cuando los niños se "aman".
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